La morosidad de los hogares llegó al 11,2% en febrero, según datos del BCRA, y eso encendió en el Congreso proyectos para topes, quitas y congelamientos que todavía no tienen dictamen pero ya cambian decisiones de bancos y depositantes.

¿Qué proponen en el Congreso y por qué preocupan?

Los borradores que circulan van desde congelamientos temporales de cuotas hasta quitas obligatorias y topes a tasas, y aunque están en debate su sola existencia altera expectativas y precios en el mercado. Los bancos no toman decisiones sólo sobre las reglas vigentes sino sobre las que podrían venir, por eso muchos ajustaron criterios de riesgo antes de que haya ley. Ese efecto prospectivo es crítico si se tiene en cuenta que el crédito al sector privado pesa apenas 13,6% del PBI en Argentina, contra un promedio regional de alrededor del 45%, según el BCRA; limitar hoy el crédito formal podría frenar por años la bancarización del consumo.

¿Cómo reaccionan los bancos y los depositantes?

La reacción ya se vio: en 2025 y principios de 2026 varias entidades frenaron nuevos créditos y ajustaron tasas activas, en un contexto donde el spread entre tasas activas y pasivas llegó a superar 250%, según Lorena Giorgio (EcoViews). El ratio de cartera irregular del sistema fue 6,7% en febrero, pero la brecha es notable: hogares 11,2% vs empresas 2,9% (BCRA), y la mora corporativa pasó de 0,8% en febrero de 2025 a 2,9% ahora, lo que muestra distintos comportamientos por tipo de deudor. Si se siembra la percepción de riesgo regulatorio, depositantes y pequeños ahorristas pueden repensar mantener fondos en bancos, lo que afecta la “materia prima” del crédito.

¿Qué efectos tendría limitar tasas o imponer quitas?

Medidas generalizadas alivian a deudores hoy pero generan consecuencias promediadas en el tiempo: endurecimiento de requisitos, reducción de oferta y migración a canales menos regulados. Cuando el crédito formal se contrae, las familias que necesitan financiamiento no dejan de necesitarlo; lo buscan en prestamistas informales, con menos protecciones y costos menos transparentes. Además, los bancos que soportan pérdidas por cambios retroactivos pueden trasladar costo al resto de clientes con tasas más altas o comisiones, y ello castiga especialmente a ingresos medios y trabajadores informales, según el análisis del sector recogido en el AI in Finance 2026. Por eso cualquier intervención debe sopesar alivio inmediato versus el acceso al crédito en el mediano plazo.

Qué medidas prácticas funcionan y cuáles evitar

La evidencia y especialistas como Gustavo Neffa insisten en dos ejes: liquidez y educación financiera. Mantener niveles de liquidez acordes al tamaño del mercado y estabilidad de tasas en el mediano plazo reduce la volatilidad que disparó parte de la mora, según el BCRA y EcoViews; paralelamente, ampliar programas de refinanciación focalizada, acompañamiento y herramientas simples para calcular costo financiero total ayuda a familias en riesgo. Ojo que las quitas universales y los topes rígidos son atajos que pueden dañar la oferta formal; en cambio, políticas dirigidas (subsidios temporales, reestructuraciones por tramo de ingreso, garantías) alivian sin romper incentivos. Y sí: invertir en educación financiera es lento pero esencial —no se sanciona, se construye— para que el crédito vuelva a ser herramienta y no trampa.